Comunicación

El Instituto Juruá lleva a la COP30 la defensa de la ciencia intercultural, del financiamiento directo y de la sociobioeconomía amazónica

Realizada en Belém (PA), la conferencia amplió la presión por compromisos concretos en ciencia intercultural, financiamiento justo, sociobioeconomía y derechos territoriales.


Por João Campos Silva e Indiara Bessa

Traducción al español: Raul Bismarck Pinedo-Garcia

La participación del Instituto Juruá en la COP30 estuvo marcada por una combinación de esperanza política y una visión crítica sobre los límites de la agenda climática internacional. Realizada en Belém, capital del estado de Pará, entre el 10 y el 21 de noviembre de 2025, la 30ª Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático se llevó a cabo por primera vez en la Amazonía, una región estratégica para el equilibrio climático del planeta y central para el futuro de las negociaciones sobre bosques, biodiversidad, justicia climática y financiamiento internacional.

Durante la COP30, el Instituto Juruá defendió una serie de prioridades para una agenda climática más justa y eficaz en la Amazonía. FOTO: Indiara Bessa/Instituto Juruá

Para el Instituto Juruá, la realización de la COP30 en territorio amazónico representó un punto de inflexión importante en el debate global. Al trasladar el centro de la conferencia hacia la Amazonía, el evento acercó a negociadores, líderes políticos, investigadores y representantes de la sociedad civil a una realidad que suele ser discutida a distancia, pero que concentra algunos de los mayores desafíos y también de las mayores oportunidades para enfrentar la crisis climática.

“La realización de la COP30 en la Amazonía tuvo un significado profundo. Colocó el debate climático dentro de un territorio decisivo para el planeta y permitió que el mundo observe más de cerca la complejidad de la región, la fuerza de sus pueblos y la urgencia de soluciones que deben construirse junto a quienes viven y protegen el bosque”, afirma João Campos Silva, director del Instituto Juruá y autor del texto.

Extrativistas del Medio Juruá durante el Porongaço celebrado en Belém, con motivo de la COP30. FOTO: Christian Braga

A lo largo de la conferencia y de su agenda ampliada de debates, el Instituto Juruá destacó como uno de los principales aspectos positivos de la COP30 la fuerte presencia de movimientos sociales, pueblos indígenas y comunidades tradicionales en Belém. Para la organización, esta participación contribuyó a reafirmar que no existe una salida consistente a la crisis climática sin el reconocimiento de los derechos territoriales, la diversidad de saberes y el protagonismo histórico de estos grupos en la conservación de la biodiversidad y la protección del bosque.

Al mismo tiempo, el Instituto considera que la centralidad simbólica de la Amazonía en la COP30 no elimina una preocupación persistente: la distancia entre los compromisos públicos asumidos por gobiernos y líderes globales y la implementación efectiva de políticas e inversiones acordes con la magnitud de la emergencia climática.

“La COP30 fue muy importante por realizarse en la Amazonía y por ampliar la visibilidad de los territorios y de sus pueblos. Sin embargo, seguimos frente a una cuestión central: saber si la comunidad internacional está realmente dispuesta a transformar el discurso en acción, con compromisos estructurales, financiamiento adecuado y decisiones compatibles con la gravedad de la crisis climática”, señala João Campos Silva.

Prioridades en el debate

Durante su participación en decenas de eventos y debates a lo largo del proceso de la COP30, el Instituto Juruá defendió cuatro prioridades consideradas estratégicas para la Amazonía y para una agenda climática más justa y eficaz.

El director del Instituto Juruá, João Campos Silva, durante un debate sobre sociobioeconomía en el Espacio Chico Mendes, ubicado en el Museo Emilio Goeldi, en Belém. Foto: Jorge Pimentel/Instituto Juruá.

La primera fue el fortalecimiento de la ciencia intercultural, con la defensa de mecanismos concretos que acerquen la ciencia académica, las ciencias indígenas, el arte y los conocimientos tradicionales en condiciones de equidad. Para el Instituto, las respuestas duraderas para la Amazonía dependen de la capacidad de construir conocimiento a partir del diálogo entre diferentes formas de comprender y cuidar el territorio.

La segunda prioridad fue la revisión de los mecanismos de financiamiento internacional, para que los recursos climáticos lleguen de manera más directa, accesible y efectiva a las organizaciones, liderazgos y comunidades que actúan en la primera línea de la conservación.

El Instituto también defendió la ampliación de programas robustos de pago por servicios ambientales dirigidos a pueblos indígenas y comunidades locales, reconociendo el papel esencial de estos grupos en el mantenimiento de territorios fundamentales para la estabilidad climática global.

Sociobioeconomía

Finalmente, la organización llevó a la COP30 la defensa del fortalecimiento de la sociobioeconomía amazónica como una política pública estructurante. Según el Instituto Juruá, consolidar un modelo de desarrollo sostenible para la Amazonía requiere inversión a gran escala, continuidad institucional y el reconocimiento de que el bosque en pie debe estar en el centro de una estrategia de prosperidad para la región.

“No basta con reconocer la importancia de la Amazonía en los discursos oficiales. Es necesario garantizar condiciones reales para que los pueblos del bosque, las organizaciones locales y las redes territoriales tengan acceso a financiamiento, influencia en la toma de decisiones y capacidad de liderar soluciones. La sociobioeconomía, la justicia social y la valorización de los saberes tradicionales deben dejar de ser periféricas y pasar a ocupar el centro de la acción climática”, afirma João Campos Silva.

La participación del Instituto Juruá en la COP30 reafirma la defensa de una agenda en la que la conservación, la justicia social, la producción de conocimiento y la inversión estructural avancen de manera conjunta. En una conferencia realizada en la Amazonía, la institución reforzó que el futuro climático global depende, en gran medida, de la capacidad de escuchar a los territorios, fortalecer a quienes los protegen y transformar promesas en acciones concretas.

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